sábado, 19 de septiembre de 2026

Pedaleo.

La recta de la carretera interminable, ya es mediodía y el calor pega fuerte. Estamos en la cara sur de Gredos, y hemos tenido que recurrir a poner música en el teléfono para abordar estas últimas cuestas y motivarnos...

Durante los últimos tres días hemos pedaleado muchos km, y otros tantos metros de desnivel, con una idea sencilla y bonita: rodear el macizo de Gredos. Este conjunto montañoso que cada vez conocemos más, y que al recorrerlo hace que uno alce la mirada a lugares que cortan el cielo, reconociendo haber pasado por ahí.

Comenzamos nuestra aventura en Pedro Bernardo, cruzando bosques y antiguos caminos para luego subir el puerto de Mijares, que conecta el valle del Tiétar con el valle medio del Alberche, y que ya nos avisaba de que la aventura no iba a ser fácil. Por la vertiente norte recorrimos el puerto del Pico y esas pistas salvajes, rodeadas de pinares, en las que, literalmente, no se ve a nadie. Dormimos en Hoyos del Espino.

El segundo día, con la frescura de la mañana, rodamos perdiendo desnivel junto al Tormes, y conocemos el precioso valle del Jerte con un viento que nos impulsa de espaldas. Subir desde este valle al Piornal, el pueblo más alto de Extremadura, cuesta, y mucho: pedaleando, mirando al suelo, en ese estado de meditación y esfuerzo singular que dan estos deportes cuesta arriba. Luego, la bajada por el Robledal, hasta la calidez de los valles de la Vera. Descansamos esa segunda noche en Jarandilla de la Vera, mientras el pueblo está de fiestas y nosotros a lo nuestro...

Amanecemos temprano. El último día recorremos Gredos por el sur, otra vez encaminándonos al valle del Tiétar, donde comenzó esta aventura.




domingo, 6 de septiembre de 2026

Panticosa.

El calor que no se va, así que nos subimos a las alturas. Nos estamos enganchando a esto de escalar metros lo más rápido posible. Disfrazados, a medio camino entre corredores y escaladores.

Elegimos estas vías que hay por el Balneario de Panticosa, y encadenamos varias paredes hasta llegar al refugio de Bachimaña a reponer fuerzas. En esta zona abundan estas vías muy equipadas, que son cómodas y poco comprometidas para estas escaladas rápidas.

Doble de material para unir largos, cuerda en bandolera, y dos microtraxion que colocamos después de algún paso difícil, de tal manera que el segundo no pueda tirar al primero si se cae…

Abajo nos refrescamos en el río y saboreamos los 500 metros, que en muy poquito tiempo, te meten en estado de meditación vertical. Con Gus el vikingo, que le vuela la melena al aire mientras devora metros.



lunes, 17 de agosto de 2026

Surgencia.

David es un buen amigo, serrano. En verano cuida de quién y cuándo entra en La Pedriza. En otoño vigila que la recogida de setas se haga bien. En invierno se calienta con la leña que obtiene de los bosques. Y en primavera, camina hasta las surgencias de agua naturales para beber agua de las entrañas de las montañas.

Lo fácil no siempre es lo mejor. La comodidad adormece el cuerpo y adormece el ser. Lo más armónico, lo que más me respeta a mí y a mi entorno, casi siempre pasa por dejarla atrás. Cuando escuché a David de donde recogía el agua, me pareció un acto poético. Subversivo. Bello.

Por eso ayer, bien pronto por la mañana, en vez de abrir el grifo, salí de casa y me dirigí hacia arriba. La mochila vacía, Lanka caminando a mi izquierda, la vara en mi mano derecha. Con los primeros rayos de sol calentando ya la cara sur de la montaña, llegamos a la surgencia que nace a sus pies, en el cauce natural de la vertiente. En agosto el caudal es escaso, pero frío. Me mojo la cara, Lanka se refresca, lleno la garrafa y bebo mirando a la montaña, pensando en todas esas gotas que un día se infiltraron en la roca y hoy salen, otra vez, de este manantial.



viernes, 10 de julio de 2026

Alba.

Tal vez ya lo he contado por aquí, pero tengo una lista de proyectos y actividades de montaña. Algunas más grandes, otras más pequeñas, pero todas por alguna razón han resonado en mi interior y han acabado formando parte de esa lista.

Muchas veces me ocurre que, cuando estoy realizando una de esas actividades, puedo tacharla de la lista, pero durante su desarrollo surge un nuevo proyecto que ocupa su lugar.

Eso fue precisamente lo que ocurrió hace unas semanas, cuando cabalgamos  por la cresta de los Quince Gendarmes hacia el pico del Alba. Una bonita arista que nos llevó hasta su cumbre en un solitario martes de comienzos de junio. No nos cruzamos con nadie durante las varias horas que duró la actividad. Tanto el inicio de la cresta como el descenso del pico nos obligaron a calzarnos los crampones y empuñar el piolet, justificando así el peso que habían supuesto en la mochila...

La cresta fue bonita, pero todavía mejor fue la compañía. Compartí la jornada con dos amigos con los que volvería a encordarme, siempre.

Desde la cumbre contemplábamos, justo enfrente, el corredor oeste del Pico Mir: una línea elegante y solitaria que todavía conservaba nieve y toda su belleza. Un nuevo proyecto...

Unas semanas después, viajo al norte para visitar a la familia. Aprovechamos para otro viejo proyecto...Varias horas después de salir de Otxandio alcanzábamos la cumbre del Gorbea, tras haber pasado por la cima del Anboto, ascendido el Untzillatx por la Gran Diagonal y unido las tres montañas en bicicleta.

Veo la bicicleta como el esquí de montaña del verano, medio de aproximación, de unión de cumbres. Fue desde el Gorbea donde los Montes del Duranguesado dibujaban una línea lógica que nunca antes me había planteado: Mugarra, Untzillatx, Alluitz, la cresta hasta el Anboto, Udalaitz y, tal vez, regresar al coche en bicicleta.

Otro proyecto para la lista. Y es que necesito un faro. Y qué mejor que aquellos que intuyo en plena navegación...

domingo, 17 de mayo de 2026

Tres montañas.

 Hoy me apetece recordar tres montañas. 


Peña Vieja. Cerca del mar. Caliza, ambiente cantábrico, humedad, vegetación del norte hasta donde puede aguantar... y luego la cima: mineral, austera, con una panorámica que lo compensa todo. Subimos por el Espolón de los Franceses, muchos metros de escalada, y después la cresta. Es fácil perderse. Y nos perdimos! Pero nos encontramos...

El Midi. Mires desde donde mires, aparece. Su silueta tiene algo de salmón saltando del río, mirando hacia arriba, lanzándose a pescar. Esa forma  negra que se impone sobre el valle. Aquella vez en invierno, con nieve dura que nos permitía progresar con ambiente. De esos días que se graban. Y encima era mi cumpleaños..!


El Veleta. Al sur, con sus esquistos. Subimos al Cerro de los Machos y cabalgamos toda la cresta, con los últimos metros por la Fidel Fiero. Todo ello con los esquís en la mochila golpeando el casco... Pero la bajada... Larga, larguísima, gritando como locos..!



domingo, 26 de abril de 2026

Test.

 


Steve House es un alpinista estadounidense con algunas de las actividades más punteras del alpinismo moderno, como su ascensión por la cara Rupal del Nanga Parbat. En los últimos años ha reorientado su carrera hacia el entrenamiento de otros deportistas, convirtiéndose en una referencia no solo por lo que ha hecho, sino por cómo lo cuenta. En uno de sus libros propone un test sencillo para evaluar la forma física, y ahí es donde me ha hecho reflexionar...

Entreno casi a diario: a veces con un faro en mente, orientado a un objetivo concreto, y otras simplemente por mantener un estado basal que me permita, cuando se alinean los astros (compañero, meteorología, disponibilidad), estar a la altura. Durante un tiempo estuve entrenando sin medir nada, de manera bastante aleatoria. Ahora intento darle algo más de orden: organizo la semana, llevo reloj para conocer desnivel, distancia y tiempo y, además, procuro marcarme un objetivo antes de cada sesión, ya sea número de vías, ritmo, desnivel o algún aspecto técnico en el que quiero centrarme.

Pero tampoco quiero pasarme... No me interesa obsesionarme con las pulsaciones ni entrenar en el rocódromo como un autómata, encadenando suspensiones sin pausa. Entiendo que ese es el camino hacia el máximo rendimiento, pero busco entrenar con sentido, mejorar, sin perder el disfrute ni convertirlo en el centro de todo.

En ese equilibrio aparece una pregunta sencilla: ¿cuál es realmente mi estado físico?

A partir de ahí, y apoyándome parcialmente en el enfoque de Steve, he hecho mi propio test: 350 metros de desnivel en un cerro cercano con 10 kg de peso, combinados con ejercicios básicos como sentadillas, flexiones y dominadas. El resultado deja claro que hay margen de mejora. La idea es repetir este test cada seis meses para tener una referencia y ver si avanzo.

Y una cosa mas. A partir de ese margen de mejora identificado, estoy corriendo mas. El otro día salí desde casa y recorrí Los Porrones, buscando siempre el terreno más interesante: roquedos, crestas, pequeños destrepes y trepadas, en un ambiente de mañana espectacular, con esa luz limpia que lo envuelve todo...

sábado, 4 de abril de 2026

Resistencia.

Me resisto a consumir noticias que solo muestran una parte de la realidad.
Me resisto a no mirar las estrellas por la noche.
Me resisto a perder la esperanza.
Me resisto a no jugar y a no emocionarme.
Me resisto… pero a veces pierdo.

Me escucho.

Quiero vivir acorde a las estaciones.
Cultivar comunidad.
Salir andando desde casa.

De la cara sur, donde el granito dibuja laberintos,
a la frondosa cara norte, donde resisten los neveros y el agua fluye sin descanso.

En compañía de Lanka, presente, instintiva, salvaje.

Por la noche, sus orejas se mueven mientras yo descanso profundamente.

Hay una luna tan llena
que me obliga a taparme los ojos.

Caminamos, bajo robles, pinos y sobre la nieve...a cada paso...
hasta que las almohadillas de Lanka dijeron basta...tuvimos suficiente.

viernes, 27 de febrero de 2026

Florecer.

Termina el mes y no he escrito ninguna entrada. Eso no significa que no haya habido actividad... simplemente las ganas de compartir lo que uno hace fluctúan. A veces están, a veces no. Pero bueno, intentemos mantener el ritmo de una entrada al mes… Supongo que tanta información y tanta exposición constante terminan por abrumar.

Después de una sucesión casi interminable de borrascas, por fin salió el sol. Hemos hecho actividades bonitas en Gredos y Guadarrama: aprendiendo, disfrutando, fortaleciendo el cuerpo, puliendo detalles para ser más eficientes… y viviendo  momentos llenos de belleza, amplitud, naturaleza, presencia.

El ambiente ya huele a primavera. Los sapos cantan por la noche, las aves se activan y los árboles florecen. Yo también empiezo a estornudar. Los pies arrastran alguna ampolla del calcetín gordo y se despierta la ilusión de volver a tocar roca y rodar en bici con buenas temperaturas.

Aun así, creo que todavía queda temporada. En Gredos y zonas como los Pirineos seguro que puede hacerse alguna buena alpinada invernal hasta bien entrada la primavera... O eso intentaremos.

He podido hacer esquí y alpinismo, aunque el hielo prácticamente ha volado delante de mis ojos. Uno de los aprendizajes que me llevo este año es no esperar a que las condiciones sean perfectas. No es la primera vez que me lo repito, pero hay momentos en los que uno está más dispuesto a exponerse a los elementos, especialmente al viento fuerte que ha pegado tantas semanas, y otros en los que cuesta más.

Aquí, en esta zona, creo que toca empezar a normalizar eso de escalar en plena borrasca, sobre todo cuando el objetivo es técnico. Las condiciones cambian en días, a veces en horas. Y si uno espera demasiado, la temporada simplemente pasa. 

Si la primavera ya se impone, que nos pille moviéndonos y disfrutando de lo que cada estación trae.



miércoles, 21 de enero de 2026

Huellas.

Un zorro asciende una loma nevada, envuelto en la ventisca. A cada paso se hunde en la nieve blanda, pero su cuerpo ligero no pierde agilidad. Hace ya un buen trecho que abandonó el refugio del bosque, en la umbría de la montaña, avanzando hacia el sur. Ahí espera encontrar temperaturas más benignas y el abrigo de su madriguera, escondida bajo una roca de granito retorcida por el tiempo. Su avance es lento y trabajoso, pero decidido.

Al día siguiente el sol reaparece tras varios días de borrasca. La previsión anuncia otra más en camino y decido aprovechar la breve ventana de calma para salir. Me adentro caminando desde el valle, atravesando el bosque de pinos silvestres, hacia la zona más salvaje de la sierra. No llevo un plan preciso, solo buscar buenas bajadas y acumular desnivel antes de que anochezca.

A medida que gano altura, los piornos quedan cada vez más sepultados y entonces veo una huella de zorro. Es el rastro de un desplazamiento reciente, probablemente del día anterior. 

Seguir su traza resulta más sencillo que abrir camino en la nieve reciente, así que, agradecido, la continúo. Mientras avanzo, lo imagino con el pelaje azotado por la ventisca, salpicado de copos adheridos, la mirada afilada y firme, orientada siempre hacia adelante.

La huella me conduce a la ladera sur y allí se diluye entre los árboles. Por pura curiosidad, aunque la nieve sea más escasa en esa orientación, continúo su rastro, cruzando mis giros humanos con su línea recta animal. 

Dentro del bosque acabo perdiéndolo. Lo busco, doy algunas vueltas, pero ya no queda nada que seguir. Las huellas se han borrado y, en algún lugar bajo una roca, el zorro descansa tranquilo en la oscuridad de su madriguera.




martes, 23 de diciembre de 2025

Canal del Puro.



Hoy nos hemos acercado a La Maliciosa con la idea de escalar alguna vía que normalmente se hace en roca, pero aprovechando unas condiciones invernales. La última nevada ha dejado nieve en la cara sur de la montaña, aún sin recibir el sol, y las temperaturas se han mantenido bajas. Con estas premisas en mente, una de las vías que teniamos fichadas era la canal del Puro, que con un primer largo encajonado y a resguardo del sol podía ser una buena opción para disfrutar de una bonita jornada alpina.

No madrugamos en exceso, daban temperaturas muy frías durante todo el día y, tras valorar varias posibilidades sobre el terreno, nos decidimos finalmente por la canal del Puro. El primer largo nos sorprendió por la buena calidad de tracción de la nieve. Algún resalte nos hizo entrar en calor, pero el ambiente invitaba a seguir. Tras una travesía con mucho patio y un entorno espectacular, tuvimos que afrontar un largo fino en mixto, donde ya se notaba que la temperatura había empezado a subir y el hielo pegado a la pared exigía progresar con mucho tacto.

Un último largo nos dejó en los bloques cimeros, donde caminar entre ellos cubiertos de nieve resultaba especialmente bonito. Mar de nubes, soledad… descendimos por la canal Este, con ambientazo…

Un día inesperado, pero lleno de sentido. Aprovechar al máximo las condiciones de lo que tenemos al lado de casa, después de varios días observando el parte y la sierra, es apostar por la montaña de cercanía. Y eso siempre tiene algo especial.


martes, 9 de diciembre de 2025

Nubes.

 


El mar de nubes tapa la llanura y sus pueblos. Sobre ellas solo hay azul y claridad. No son capaces de cubrir lo alto de la Sierra, ni las agujas de roca sobre las que nos levantamos. Nuestra sombra se proyecta sobre la roca. Hemos escalado una vía en el Peñotillo Bajo, otra vía en el Peñotillo Alto y finalmente, otra en La Maliciosa. Últimamente encadenamos riscos, es la manera de sacar metros en esta zona…En La Maliciosa, hemos subido por la Ezequiel Domingo, con mucho disfrute y sabor alpino. Una chimenea a la sombra desgastada por el agua y el frio… una pequeña joya.

domingo, 23 de noviembre de 2025

Gorbea.


Es viernes. En unas horas pongo rumbo al norte para ver a Aita y Ama. Empiezo a hacer la pequeña maleta y, de repente, me entra una idea como un rayo. La última borrasca ha descargado fuerte en el norte… ¿Cuánta nieve habrá dejado en los montes vascos?

Abro la webcam del refugio del Gorbea y me parece ver bastante grosor, incluso unas huellas de esquís. Llamo al refugio para preguntar por las condiciones: ¿Se puede esquiar? Me confirman que, al menos para foquear, hay nieve suficiente. Uy… esto tiene buena pinta. Esquís, pieles, mochila… al coche.

En el trayecto confirmo las bajas temperaturas bajas y algunos copos caen en el puerto de Altube.

A la mañana siguiente, temprano, dejo el coche en Pagomakurre. Desde allí mismo me calzo los esquís. Al principio el espesor es escaso y en algún paso de agua tengo que descalzar, pero a medida que gano altitud la montaña se tiñe de blanco y el paisaje se vuelve precioso. Anboto, Aizkorri, Aldamin… Cumbres modestas en un territorio de lomas, pero que con nieve ganan un carácter especial.

Subo por la normal, charlando con distintos senderistas y con algún otro esquiador. Lanka se lo está pasando en grande, jugando con la nieve. No conozco muy bien el Gorbea, pero siempre he querido bajarlo esquiando. La subida, con nieve venteada, no presagia una gran bajada, así que avanzo hasta quedarme al oeste de la cumbre, en una antecima tranquila donde puedo disfrutar del paisaje en soledad.

Me lo tomo con calma. Veo una buena huella por lo que parece ser nieve polvo entre las lomas de Urratxa y Gatxarreta. Por donde he subido hay mucha gente y la nieve está dura… mejor probar por aquí.

Empiezo a bajar y la acumulación aumenta a cada metro, hasta meterme en una vaguada donde las condiciones son perfectas. Al resguardo de las hayas, enlazo unos giros bonitos, parando cada poco para esperar a Lanka y recordarme que estoy solo en esta zona de la montaña, que no es lugar para hacerse daño.

Llego a una borda idílica. Pongo las pieles a secar y juego con Lanka. El sol empieza a derretir la nieve acumulada sobre las hayas y el bosque no para de moverse. 

Vuelvo a ponerme los esquís y me acerco al refugio de Gorbea. Tomar un caldo caliente en el interior es mi manera de devolver el favor por la información del día anterior... He disfrutado muchísimo de este día de esquí de montaña en los montes vascos. Y he abierto la puerta a una zona llena de posibilidades, a la que suelo prestar menos atención cuando vengo al norte.

sábado, 8 de noviembre de 2025

Camino.

Durante mis años de universidad, cayó en mis manos un libro de la editorial Desnivel titulado Montañismo, La libertad de las cimas. Aquel manual abarcaba todo: los principios de la escalada en roca, el alpinismo, la acampada, la orientación, los primeros auxilios… incluso dedicaba capítulos a la geología, al ciclo de la nieve y a la meteorología.

El libro definía el concepto de Libertad de las Cimas, una idea que me resonó profundamente. Fue un descubrimiento importante para mí, porque sentí que había encontrado un camino, una dirección que me apetecía explorar. Ese concepto se traducía en una forma de recorrer las montañas con respeto, conocimiento y soltura. Sin embargo, aquella libertad no era algo dado, sino algo que debía conseguirse a través del intercambio de ofrecer entrenamiento, preparación y motivación.

Ese enfoque me parecía profundamente completo. Implica tanto el entrenamiento físico como el mental: poner el cuerpo a punto para moverse por terrenos verticales y exigentes, y a la vez desarrollar una mente serena. Requiere también conocer a fondo el medio en el que te mueves, leer las montañas, entender la roca, la nieve y el tiempo, y saber utilizar el material que te acompaña. Además, hay un componente esencial en la relación con el compañero: aprender a confiar, a apoyarse mutuamente, a formar equipo. En esa conexión he crecido mucho como persona.

Al principio pensaba que el alpinismo era un espacio libre. Pero con el tiempo comprendí que, como casi todo en la vida, también está contaminado por normas, presiones, comparaciones y exigencias. Se nos dice cómo, cuándo y dónde debemos hacerlo. Qué es lo valioso, y qué no. Aparece una especie de currículum alpinista que parece necesario cumplir: unas vías que hay que escalar, una forma de vestir, unos códigos, unas reglas sobre cómo se debe progresar, a qué se puede agarrar uno y a qué no. Y es entonces cuando aquella motivación pura e iniciática empieza a transformarse.

Ahora, después de haber seguido en muchas ocasiones las normas y expectativas de los demás, he comprendido que lo verdaderamente importante es estar en paz construyendo mi propia trayectoria. Esa paz nace de haber trazado un camino propio, uno que realmente deseo recorrer, con mis reglas, mis ritmos y mi manera de entender la montaña.

En ese camino, una de mis prioridades es fluir. Fluir entendiendo que el verdadero disfrute en mi montaña aparece cuando el cuerpo se mueve sin tensión. Cuando surge la rigidez en una pared o en un paso difícil, cuando los horarios se estiran, cuanto te pierdes, algo se rompe: desaparece la ligereza, la conexión. Muchas veces es inevitable, y se aprende, pero mi objetivo es reducir al mínimo esa tensión. ¿Cómo? Entrenando con constancia, eligiendo objetivos acordes con mis capacidades del momento y cultivando la serenidad mental, la soltura en el movimiento y la concentración. Pero también a través del orden en el material, de una buena planificación y de la comunicación honesta con el compañero. En definitiva, a través de todas esas pequeñas capacidades que hacen que, algunos días, en ese estado de flujo, encuentre mi Libertad de las Cimas.


lunes, 3 de noviembre de 2025

Sobre ruedas.

 

Otoño es un buen momento para rodar entre árboles con la bicicleta.

El aire es fresco, el suelo está húmedo sin llegar a empaparse, y las hojas se levantan a tu paso. Acertar con la ropa no es fácil…pasas del frío al calor con solo cambiar de orientación en la montaña, pero da igual. En el bolsillo llevas un par de castañas recién cogidas, y no hacen falta barritas.

Durante la subida por pista hablas con los amigos, te pones al día,  y disfrutas de transmitir la fuerza de tus piernas a un mecanismo sin muchos intermediarios, sin electricidad ni baterías. Solo fuerza, sencillez, un buen desayuno y ganas de estar ahí.

La pista se estrecha y se vuelve sendero. Beber, comer un poquito. Cada uno se concentra en su bajada, en la técnica, en las raíces resbaladizas, en abrirse en esa curva, en buscar la línea buena entre las piedras. Algún grito de disfrute, otro de adrenalina... Jugamos. Sonreímos.

Y volvemos a subir.


domingo, 5 de octubre de 2025

Ligeros.

Ayer fue un día intenso en la Pedriza. Teníamos intención de encadenar algunos riscos, y a eso fuimos.

Comenzamos en Canto Cochino y salimos hacia Peña Sirio. El Espolón Oeste lo escalamos en ensamble, disfrutando de las setas y los canalizos, hasta llegar al último resalte, donde montamos reunión. La cumbre, a la que no subía desde hacía años, nos sorprendió por sus vistas, el aire fresco y las primeras luces sobre la Pedri.

De ahí, la sucesión lógica nos llevó a la Cueva de la Mora. La idea era hacer la vía Gallego, pero como había una cordada metida, nos fuimos a Zarzejos in the Gym, una preciosa vía plaquera que se deja escalar en el fino granito de ese risco.

Bajamos por la cara este para enlazar con el camino hacia la norte del Yelmo. Un itinerario desconocido nos recibió: Pintuvi, con un ambiente sombrío, liquen y la sensación de que poca gente pasa habitualmente por ahí…

Cumbre del Yelmo, y para abajo a la pradera por el Callejón del Miedo. El calor apretaba y dudábamos si meternos, pero nos animamos y, con la intención de ir rápidos, escalamos la Hermosilla cruzando un buen tramo de la pared por la zona este.

A la sombra de la Maza bajamos por la Umbría del Calderón. Sin embargo, el calor seguía pegando fuerte, y nos paramos a reponer agua en un pequeño goteo subterráneo que llenaba las botellas tras largos minutos. Parar nos vino bien: refrigerar, descansar… y, encima, un escalador pedrizero nos ofreció algo de Aquarius que supo a gloria. Gracias, siempre!

Teníamos el Pájaro a la vista, y no pudimos resistirnos a una última cumbre en este risco tan especial. La Rivas-Acuña fue la elegida: no muy difícil, pero en la que el cansancio se notaba, y tuve que esforzarme para mantener la atención. Bajamos por la cara norte y nos fuimos hacia el refugio Giner, donde nos esperaba una buena comida y la charla con gente del Peñalara.

Con esta actividad, uno se da cuenta de la belleza de moverse ligero por la montaña. Nos salieron unos 630 metros de escalada. Elegir el material justo, recorrer los metros que se puedan en ensamble, empalmar largos… sin duda lleva la actividad a otro tiempo. Pequeños detalles, como el orden del material, el tiempo en las reuniones o cómo alimentarse, marcan la diferencia. Sentir que lo que hace unos años te llevaba un día entero ahora lo haces en pocas horas da una sensación de evolución y satisface.

Eso no quita que haya días para subir tranquilamente, con un bocata que sabe mejor que un gel y un buen armario de mochila. Pero ayer… fue un día de ligereza, de movimiento y de intentar parecerse a las cabras de la Pedriza.

jueves, 11 de septiembre de 2025

Catedrales.

Aparcamos solos en el aparcamiento de Mingo Fernando. Atravesamos el bosque de pinos resineros, cruzando en algunos tramos el arroyo seco sobre sus rocas blancas, pulidas por el paso del agua. Las primeras luces se cuelan entre los árboles, y pronto salimos al Puesto del Pio, antiguo refugio ganadero.

Desde ahí ya se distingue la cresta de las Catedrales hacia el Gran Galayo. Esta arista, recorrida por primera vez por Tomás Mesón y Ángel Rituerto en el verano de 1978, es una de las más emblemáticas de Gredos.

Hacemos una parada en la base, donde confluyen las canales Seca y Reseca, para ponernos los arneses, beber agua y estudiar el itinerario. Somos tres, y decidimos repartirnos la cresta en tres tramos para que cada uno disfrute de liderar una parte. Comenzamos con unas trepadas fáciles, hasta que el runrún interno nos aconseja encordarnos. Con unos metros de cuerda entre cada uno, nos sentimos mas seguros.

La progresión se va sucediendo entre trepadas, navegación y un par de rápeles. Avanzamos con fluidez: cuando el tercero llega a un rápel, el primero ya lo ha montado. Estos y otros detalles hacen que, en pocas horas, alcancemos la cima del Gran Galayo.

El descenso por la canal se hace largo, pero pronto estamos de nuevo en el Puesto del Pio, descansando y dejando atrás el agreste paisaje. Ahora una vez conocida, soñamos con una repetición invernal...


sábado, 9 de agosto de 2025

Svanetia.


 “იშვაშ ჰარ” — aprendimos a decir “gracias” en svano, un idioma en peligro que solo se habla en esta región montañosa del Cáucaso.

Llegar hasta aquí no ha sido fácil. La carretera, estrecha, sinuosa y colgada sobre el vacío, no admitía errores, ni siquiera viajando en un cuatro por cuatro. Al cruzar los últimos puertos, los valles se abren: anchos y silenciosos, muchos de origen glaciar. Sus antiguas lenguas, hoy en claro retroceso, modelaron este paisaje.


Recorrer montañas tan lejanas a las habituales es un juego distinto. Aquí uno no reconoce la mayoría de las plantas, las costumbres de sus habitantes ni los caprichos de la meteorología. Lo que antes eran simples curvas de nivel en un mapa, se convierte paso a paso en collados, crestas y senderos reales.


Los pueblos, muchos sin asfaltar, guardan un ritmo propio. En las calles, las piedras se mezclan con las huellas del ganado y las risas de los niños que juegan. 

lunes, 14 de julio de 2025

Oeste.

Escalar una vía de Rivas me suele hacer especial ilusión. En mi ámbito laboral, ambiental y forestal, sigo utilizando sus Mapas de Series de Vegetación de España de 1987, lo que es alucinante. Me sigue pareciendo increíble que, décadas después, ese trabajo siga siendo una referencia tan válida y útil.

En este caso, era la Oeste a la Aguja Negra. Una de esas vías anotadas en el cuaderno de proyectos desde hace una temporada. La hicimos en un caluroso día entre semana, con poca gente todavía por los Galayos.

Nos pareció bonita, aunque creo que ambos esperábamos que fuese algo más continua. Aun así, supo compensar con su carácter de clásica, con sus rincones inesperados y su entorno.

Tocar la roca de Galayos, jadear un poco en la apretura y bajar con los pies recalentados a tirarse al agua, siempre es bueno para el cuerpo y la mente.



martes, 24 de junio de 2025

Energía.

En un mundo que parece asomarse al abismo, hay oscuridad... Y, al mismo tiempo, en la misma proporción.. mucha luz!

Subir a las montañas puede parecer un acto individualista; no seré yo el primero ni el último en pensarlo...

Pero hay algo que te impregna, que te llena de claridad.

Tal vez el sentido más profundo de recorrer la naturaleza en movimiento sea precisamente ese:

Volver ahí abajo y esparcir esa energía..!



martes, 27 de mayo de 2025

Maliciosa.

Aunque crecí en la Costa Vasca, hoy vivo en la Sierra de Guadarrama. Y digo Sierra de Guadarrama y no Madrid, igual que digo Costa Vasca y no Getxo, porque lo que me une a estos lugares no es una ciudad ni una línea en el mapa, sino el vínculo con el territorio: la tierra, el mar, la vegetación, el relieve, el paisaje, y sobre todo... quienes lo habitan.

Un vínculo que me hace sentir parte de los lugares que reconozco y comparto.

Cada mañana, cuando salgo a pasear con la perra, alzo la vista hacia una montaña modesta, pero con el carácter más alpino de toda la zona: La Maliciosa. Su imponente cara sur se eleva sobre Mataelpino, recortando el horizonte con una silueta inconfundible.

En esa cara sur, y también en el vecino Peñotillo, se esconden algunas buenas vías de escalada. No son muy continuas y a menudo están sucias, pero regalan largos bonitos en un entorno con auténtica atmósfera alpina.

En invierno, a pesar de su orientación sur, sus canales guardan pequeñas joyas. Entre ellas, la mítica cascada Toñi, una efímera línea de hielo que solo aparece en condiciones favorables, y que cada temporada se convierte en un pequeño milagro.

No hace falta que sea una gran cumbre para recordarme por qué sigo saliendo al monte. Basta con que esté ahí, firme, cambiante, esperando el momento justo para volver a subirla.