La recta de la carretera interminable, ya es mediodía y el calor pega fuerte. Estamos en la cara sur de Gredos, y hemos tenido que recurrir a poner música en el teléfono para abordar estas últimas cuestas y motivarnos...
Durante los últimos tres días hemos pedaleado muchos km, y otros tantos metros de desnivel, con una idea sencilla y bonita: rodear el macizo de Gredos. Este conjunto montañoso que cada vez conocemos más, y que al recorrerlo hace que uno alce la mirada a lugares que cortan el cielo, reconociendo haber pasado por ahí.
Comenzamos nuestra aventura en Pedro Bernardo, cruzando bosques y antiguos caminos para luego subir el puerto de Mijares, que conecta el valle del Tiétar con el valle medio del Alberche, y que ya nos avisaba de que la aventura no iba a ser fácil. Por la vertiente norte recorrimos el puerto del Pico y esas pistas salvajes, rodeadas de pinares, en las que, literalmente, no se ve a nadie. Dormimos en Hoyos del Espino.
El segundo día, con la frescura de la mañana, rodamos perdiendo desnivel junto al Tormes, y conocemos el precioso valle del Jerte con un viento que nos impulsa de espaldas. Subir desde este valle al Piornal, el pueblo más alto de Extremadura, cuesta, y mucho: pedaleando, mirando al suelo, en ese estado de meditación y esfuerzo singular que dan estos deportes cuesta arriba. Luego, la bajada por el Robledal, hasta la calidez de los valles de la Vera. Descansamos esa segunda noche en Jarandilla de la Vera, mientras el pueblo está de fiestas y nosotros a lo nuestro...
Amanecemos temprano. El último día recorremos Gredos por el sur, otra vez encaminándonos al valle del Tiétar, donde comenzó esta aventura.



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