martes, 27 de mayo de 2025

Maliciosa.

Aunque crecí en la Costa Vasca, hoy vivo en la Sierra de Guadarrama. Y digo Sierra de Guadarrama y no Madrid, igual que digo Costa Vasca y no Getxo, porque lo que me une a estos lugares no es una ciudad ni una línea en el mapa, sino el vínculo con el territorio: la tierra, el mar, la vegetación, el relieve, el paisaje, y sobre todo... quienes lo habitan.

Un vínculo que me hace sentir parte de los lugares que reconozco y comparto.

Cada mañana, cuando salgo a pasear con la perra, alzo la vista hacia una montaña modesta, pero con el carácter más alpino de toda la zona: La Maliciosa. Su imponente cara sur se eleva sobre Mataelpino, recortando el horizonte con una silueta inconfundible.

En esa cara sur, y también en el vecino Peñotillo, se esconden algunas buenas vías de escalada. No son muy continuas y a menudo están sucias, pero regalan largos bonitos en un entorno con auténtica atmósfera alpina.

En invierno, a pesar de su orientación sur, sus canales guardan pequeñas joyas. Entre ellas, la mítica cascada Toñi, una efímera línea de hielo que solo aparece en condiciones favorables, y que cada temporada se convierte en un pequeño milagro.

No hace falta que sea una gran cumbre para recordarme por qué sigo saliendo al monte. Basta con que esté ahí, firme, cambiante, esperando el momento justo para volver a subirla.



lunes, 5 de mayo de 2025

El río.

Todas las semanas me baño en el río que baja de las montañas. Intento mantener la calma, que el cuerpo no se tense, que el frio me traspase y me limpie.

Es un momento de intensidad y vigor. Y luego viene la calma, que en días fríos acompaño con una infusión.

El frio y el calor. La transformación radica en abrazar la totalidad.




Huellas.

Un zorro asciende una loma nevada, envuelto en la ventisca. A cada paso se hunde en la nieve blanda, pero su cuerpo ligero no pierde agilida...